domingo, 5 de julio de 2015

El último Kamikaze


Y completo el aporte cinéfilo con El último Kamikaze, película española de mediados de los años 80 escrita, dirigida y protagonizada por Paul Naschy con la participación en los principales papeles de José Bódalo, Manuel Tejada, Mirta Miller, Julia Saly y Leticia Marfil. La cinta no tiene desperdicio. Se inicia con la imagen de una bonita máscara noh, ejemplo de la fascinación por lo japonés que tenía Naschy, algo que explica tanto el título de la obra como que su protagonista adquiera ese aspecto con sombrero y gabardina a lo Alain Delon en Le Samourai, un estupendo film francés de título nipón obra de Jean-Pierre Melville del que ya os hablé en el pasado, con el que esta El último Kamikaze tiene bastantes puntos en común. Claro que del atractivo y joven Delon –en una magistral interpretación, dicho sea de paso– al barrigón Naschy hay un buen trecho. Así pues, tras los créditos resulta que estamos en Madrid. Aparece un Cadillac –por cierto, con matrícula de Sevilla– del que salen dos tipos en chándal a hacer jogging y vemos a Naschy como Kamikaze, un sicario maestro del disfraz que poco después –atención, spoiler– acaba con ellos a tiros. Los asesinados son Don Eduardo y su guardaespaldas, por lo que el jefe de la organización mafiosa a la que pertenecía el difunto ordena a un joven asesino a sueldo llamado Christian que elimine a una serie de objetivos entre los que se encuentra Sergio, el Kamikaze. Mientras, asistimos a una nueva acción de nuestro amigo en la que acaba con un miembro de la Camorra, sus amigos y sus chicas. La escena nos proporciona una prometedora ración de tetas, sangre y miembros amputados. Ummm... parece que El último Kamikaze es una pelicula de las que no puedo hacer otra cosa que recomendaros: sexo, violencia y esa apariencia de cutrez casposa que tanto nos hace disfrutar a algunos frikis


Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Los diálogos, de profundos que pretenden ser, pecan de ridículos a más no poder, las interpretaciones son de juzgado de guardia y el argumento es de lo más trillado. Además, tiene fallos pueriles, como el autorretrato como oficial de las SS que Kamikaze, en su faceta de pintor, ha colgado en su estudio y en el cual –ignoro si por error o adrede, lo que sería aún peor– la esvástica que aparece en el brazo del retratado es levógira, cuando la version que adoptaron los nazis como símbolo era la dextrógira. Y así, mientras Naschy juega a ser Lon Chaney recorriendo el mundo a tiro limpio, el elegante Tejada hace de Christian reuniéndose con sus clientes pero sin que veamos que dé un palo al agua. Sin embargo, cuando Sergio da por terminada su misión al eliminar al último de sus objetivos, Christian inicia la suya. Eso sí, no se nos explica ni qué son esos hombres ni lo que les une, excepto que –se supone- pertenecen a una organización competidora de la que ha contratado a Kamikaze. En resumen, que El último Kamikaze no es ni de largo de las mejores cintas de Naschy ni ofrece lo que el argumento prometía a priori. ¿Significa eso que no debáis verla? Para nada amiguitos, no deja de ser un exponente de nuestro cine menos mainstream –ese mismo año Camus estrenaba la laureada Los Santos Inocentes– y si la abordáis con unas cervecitas y algo para picar podéis tomárosla incluso como una comedia –involuntaria– bastante entretenida, incluyendo momentos onírico-surrealistas con toques nazisploitation. Miradla, piltrafillas, disfrutadla y dejaos de prejuicios.