martes, 28 de marzo de 2017

Esad Ribic


Mi entrada de este martes se la dedico al croata Esad Ribic, un dibujante de cómics que estudió diseño gráfico en Zagreb y trabajó como ilustrador en publicaciones de su país y Alemania antes de dar el gran salto que le ha dado fama internacional como dibujante para series de Marvel y DC Comics.

lunes, 27 de marzo de 2017

Andrew Kuykendall


Comienzo la última semana de marzo –joder, cómo pasa el tiempo– con Andrew Kuykendall, un fotógrafo norteamericano que al cumplir la mayoría de edad se marchó de casa para ver mundo. Habiendo vivido en Los Angeles, París, Nueva York, Londres, Cracovia o Lima, después de estudiar en el Art Center College of Design inició una carrera en el mundo de la moda. Apasionado por su trabajo y los viajes, cuenta con clientes como Esquire, Grazia, Nylon, Oyster, SPIN, Vogue, Nordstrom, Atlantic Records o Hudson Jeans entre muchas otras marcas y publicaciones. Su trabajo también se ha expuesto en galerías de Hamburgo, Barcelona, Londres o Los Angeles.

domingo, 26 de marzo de 2017

Françoise Huguier


Digo adiós al blog por hoy con la francesa Françoise Huguier, quien a mediados de los años 70 se estrenó como fotógrafa freelance que le proporcionó su primer contrato con Libération como reportera de cine, política y moda. Paralelamente a una carrera que la ha llevado desde editar libros a participar en campañas publicitarias para Mugler, Lacroix o Lanvin, ha dedicado todos estos años a viajar por el mundo documentando las sociedades en las que ha vivido. Premiada con galardones como el Villa Médicis, a raíz de una larga estancia en San Petersburgo, presentó en Cannes el documental Kommunalka sobre su experiencia en un típico edificio de apartamentos comunitarios de la época soviética.

Comanchería


Llega mi reseña de este domingo, amiguitos, que va dedicada nada más ni nada menos que a Comanchería, de David Mackenzie. Titulada originalmente Hell or high water –en nuestro país o Francia ha recibido el mismo título y en hispanoamérica un más acertado Sin nada que perder que se acerca a la expresión norteamericana, que vendría a ser más o menos "pase lo que pase"–, lo que nos cuenta es cómo un joven granjero divorciado y con hijos se dedica a atracar sucursales bancarias en el oeste de Texas con la ayuda de su hermano –un delincuente recién salido de prisión– con el fin de conseguir el dinero para cubrir su hipoteca y salvar así el hogar y las tierras de la familia. 


Protagonizada por el fantástico Jeff Bridges, un Chris Pine estupendo que sin embargo tenía atravesado desde que le vi como el nuevo Jack Ryan –ver aquí– y Ben Foster, el flamante ganador del Spirit Award a mejor actor de reparto por este papel, Comanchería tiene un ritmo pausado y supone un crudo retrato –en cuanto a realista y desprovisto de fuegos de artificio– de la loca idea que llevan a cabo estos hermanos, tan diferentes entre ellos pero unidos por una inquebrantable lealtad fraternal. Aquí no hay ni persecuciones imposibles ni cruce de disparos a cámara lenta ni delincuentes con máscaras de diseño, lo que encontramos es un par de desgraciados atracando bancos con sus capuchas y pasamontañas raídos. Unos forajidos con los que, sin embargo, podemos sentirnos identificados hasta cierto punto, sobre todo gracias a Mackenzie, que sibilinamente acompaña la innegable actuación delictiva de la pareja con la publicidad carroñera de los bancos o el testimonio de la camarera, capaz de aparcar la ética cuando se trata de dar un techo a sus hijos. Sea como sea y –sin destriparos nada–, tal como uno de los protagonistas dice al final de la cinta, los actos cometidos y su resultado será algo con lo que los implicados deberán convivir el resto de sus días, igual que vosotros si la dejáis pasar. Recomendada, sin duda.

Pontiac Aztek


Amiguitos, hace poco me dio por comenzar Breaking Bad, una de esas series de los últimos tiempos que ha alcanzado el grado de culto y que nunca me había decidido a ver. Y, además de los múltiples factores positivos que posee y que han acabado enganchándome a ella, una cosa llamó poderosamente mi atención desde el primer momento. Qué feo era el coche del protagonista. Bueno, feo es poco, me parecía repulsivo, contrahecho, asimétrico, como construido a trozos. No tardé en buscar datos sobre él y así me enteré de que era un Pontiac Aztek, un vehículo lleno de soluciones inteligentes y novedosas para la época al que General Motors dio luz verde sin imaginar lo que les esperaba: el mayor fracaso de ventas de su historia. Y como he dicho, feo de cojones. 
Sus creadores –con Don Hackworth al frente del proyecto– estaban ilusionados y orgullosos de haber creado para Pontiac un coche como el Aztek, germen de lo que hoy se conoce como exitoso SUV, con refrigeración, suelo deslizante, maletero de fácil acceso, suspensión independiente, tracción total, gran luminosidad y visibilidad, facilidad para retirar los asientos... todo era avanzado a su tiempo. Pero en las encuestas previas a su lanzamiento, la gente contestaba que no lo querría ni regalado. Total, que orgullosos de los logros técnicos, en General Motors comercializaron el Aztek haciendo oídos sordos a los comentarios de los “ignorantes” potenciales compradores que, evidentemente, dieron la espalda al coche. 

En resumen, que pese a que en la actualidad existe un club de propietarios contentos de su Aztek –seguramente también existe algún club de conductores del AMC Goblin– la mayoría de los norteamericanos siguen opinando que es horrible y parece que, al igual que ocurrió con el Peugeot de Colombo, el Aztek está llamado a convertirse en un icono de la historia de la televisión. 

Walter White y su... carismático Aztek