domingo, 22 de mayo de 2011

Carne de neón


Y mi tercera y última reseña la dedico a la española Carne de neón, del realizador y guionista andaluz Paco Cabezas, una película que a mi me ha parecido muy distraída y de notable calidad pero que al parecer no ha tenido el éxito de taquilla esperado por sus productores. La cinta se inicia con una bala a punto de impactar en la cara de Ricky –el soso de Mario Casas-, escena que nos introduce en un flashback gracias al que conoceremos a diversos personajes del mundo oscuro de la calle, como Infantita, un travesti que lleva una peluca azul porque dice que es del color de su sangre y que en realidad se llama Juan Carlos –como su padre- o a la Canija, una yonqui de la que se dice que la chupa de maravilla porque hace tiempo que se le cayeron los dientes, o el Angelito, un chulo traficante y trapicheador que tiene un guardaespaldas psicópata y cortito al que llaman el Niño. Un día Ricky le pide ayuda al Angelito para que le consiga tres o cuatro chicas del este porque, con el dinero que ha ahorrado en cinco años de vender pastillas, le quiere regalar a su madre –una antigua puta que está a punto de salir de prisión- un local para que lo convierta en el Hiroshima, un puticlub elegante. El Angelito le advierte de que una cosa son los negocios de la calle y otra meterse en el terreno de alimañas como el Chino, un asesino sanguinario y despiadado que controla el negocio de los clubs. Sin embargo acaba decidiéndose por ayudar al joven, lo que no resultará todo lo provechoso que se supone. En estas iremos conociendo a personajes como Mobila, la inmigrante africana embarazada que proporciona uno de los momentos más emotivos de la película, Verónica, la hija adolescente de un policía –Blanca Suárez en un papel de calientapollas que le va que ni pintado-, la Pura o el Loco.


Amiguitos, Jesús Palacios dijo más o menos de Carne de neón en Fotogramas que era un nuevo exponente de la comedia de acción salvaje cañí. Y la verdad es que estoy muy de acuerdo con él. La cinta es violenta –mucho-, aunque está rebajada con grandes goterones de humor y es todo un producto tarantiniano –en esto coincide toda la crítica por lo que supongo que Cabezas tendrá que reconocerlo- en un estilo parejo al de Guy Ritchie y sus películas de los bajos fondos londinenses aunque con ese toque hispano que a veces me irrita tanto pero que en ocasiones como esta otorga cierta proximidad a una obra que, de otra manera, no sería más que una burda copia. Destaca sobre todo un Vicente Romero al que ya he visto en varias producciones –tanto de cine como de televisión- y al que tengo un poco encasillado en este tipo de personajes que, ciertamente, borda a la perfección. Es, en su papel de Angelito, el verdadero protagonista de la película y le roba cada plano que comparte con él al sosainas de Mario Casas, un joven guapillo sin una pizca de carisma ni –en mi opinión- personalidad para el papel que Cabezas le encomienda. Una pena de elección, vamos, el único “pero” que le pondría yo a esta Carne de neón que me ha satisfecho agradablemente y que os recomiendo. Pasaréis un rato divertido.

1 comentario:

nexus6 dijo...

Tiene mala pinta.